Luis Iberico: «En Contrapunto estábamos en la candela, no podíamos hacer un periodismo independiente y objetivo»

Por Hernán Padilla

 

Luis Iberico es periodista y actualmente se desempeña como congresista de la República. Fue uno de los fundadores del programa político más importante de la década de los noventa: Contrapunto. Un equipo aguerrido de periodistas e investigadores que luchó desde las pantallas contra las dos peores enfermedades que padeció el Perú: el terrorismo y la corrupción fujimorista.

 ¿Cómo llegó a Contrapunto?

Yo trabajaba en Frecuencia 2, en el noticiero 90 segundos. En un momento —ya sería el año 85 o 86— recibo una propuesta para trabajar en otro medio de comunicación, pero me llaman al directorio y me informan que había un proyecto nuevo, y que no me fuera del canal, porque habían pensado en mí para trabajar en ese proyecto como periodista principal, y el proyecto era justamente sacar un dominical, un programa de los domingos, pero no un dominical nocturno, como los que ya existían en los Canales 4 y 5, sino uno por la mañana. Era una propuesta bastante avezada. El criterio era que en la mañana la gente salía y se compraba sus periódicos para leer las noticias y que nosotros le íbamos a ofrecer eso, por la televisión, pero gratis, no tenían que levantarse ni salir a comprar un periódico.

¿Cuál fue la característica de ese equipo?

Teníamos ganas de competir, de guerrear, a pesar de que nos dieron el carro que era la «carcochita» de toda la flota, una oficina pequeña donde la mesa ocupaba casi todo el espacio ——había que entrar de costado—, y el set era debajo de la escalera, al lado del baño de visitas, con unas cuantas plantitas y con Maritere Braschi como conductora. A pesar de todo eso, creo que lo que nos animó fue competir con los grandes. Competir con un Panamericana que tenía a Alejandro Guerrero, el periodista imbatible en los reportajes del tema de la guerra antisubversiva; y un Canal 4 que también estaba bien aplomado. Canal 2 se caracterizaba por ser un canal muy juvenil, con un toque bastante exagerado de sensacionalismo también, hay que reconocerlo, ¿no?

Dentro de los primeros años se enfocaron bastante en la lucha antisubversiva, ¿verdad?

Sí, y todo nace de una estrategia de nuestro director Julián Cortéz. Había que competir con fieras que estaban en los otros canales. Me acuerdo que Julián Cortéz dijo: «Bueno, Panorama tiene a Alejandro Guerrero que es uno solo, y nosotros tenemos a Iberico, Anel y Josefina. Cada domingo Panorama te trae un reportaje de la zona de conflicto, entonces nosotros vamos a traer tres». Así empezamos a competir; a partir de ahí nos metieron a cada uno en su nicho; particularmente yo, me especialicé en la selva: Huallaga, Ene, que ahora es el VRAE, y un poco también en sierra. Luego entró Jorgito Vallejo que se especializó en todo lo que era sierra, sobre todo Ayacucho; y las hermanas Towsend que entraban muchas veces a la selva y mucha más costa, costa norte, costa sur, y es ahí donde entramos a lo que yo denomino una primera etapa de la historia de Contrapunto, que es la cobertura de la guerra contrasubversiva.

¿Cómo se forjó esta cercanía de la prensa con el Ejército?

La tesis de la tierra arrasada que causó tantas violaciones a los derechos humanos se cambió por otra visión, que es la que me tocó compartir cuando entro al campo de batalla con gente como el general Arciniega, que era el jefe del Huallaga. Ellos empezaron a organizar a la población, a los campesinos, incluyendo a los cocaleros. Les asignaban comités de autodefensa y el Ejército los instruía en el uso de armas. Esto es porque, finalmente, el campesino no quería a Sendero, estaba capturado por Sendero y Sendero estaba dentro de ellos y tú no los podías diferenciar, pero cuando tú los organizabas como ejército, los senderistas se iban y ellos ya no los recibían nunca más, incluso los enfrentaban y hubo hasta muertes.

¿Cómo se ayudó a la población?

Yo creo que así se contribuyó mucho, tanto que a veces los campesinos llegaban hasta Canal 2 a pedirnos que los organicemos como ronda campesina y que hagamos una base militar, y nosotros les decíamos, «se han equivocado de lugar, es el pentagonito a donde tienen que ir» [risas]. Y eso nos costó también que Sendero se ensañara con nosotros —y ese recuerdo lo tengo vivo— y es cuando Sendero nos ataca con un cañón-bomba con mil kilos de dinamita. Esa fue una bomba directa contra el área de prensa de Frecuencia Latina que ya era en ese entonces.

¿Cómo afectó este ataque al canal y al programa mismo?

Nos dio coraje, nos dio más ganas de salir adelante. Canal 2 estaba en escombros y aparecimos un minuto después de la apertura de señal. En ese entonces, la señal se cerraba a las doce de la noche o una de la mañana, y se abría a las siete de la mañana, así que a las siete y un minuto salimos con carpas, pero salimos. Eso nos marcó muy fuerte y creo que marcó en general al país porque era un canal muy querido y cuando la gente vio esto, fue un rechazo total al ataque.

Para la reconstrucción de Frecuencia Latina se recibió apoyo del gobierno, ¿este no marcó una dirección política en el noticiero?

Reconozco que en esa época dominada por el terrorismo, la línea editorial del canal apoyaba al régimen de Fujimori, como lo hizo el 5 de abril por ejemplo. ¿Qué nos decían los directores del canal de esa época? En este momento, lo fundamental era terminar con el terrorismo, porque con terrorismo nosotros no íbamos a avanzar a ningún lado, así que por favor, concéntrense ustedes en la lucha antisubversiva, y eso fue pues a lo que yo le llamo la primera etapa del canal.

¿Qué relación tenían con las fuerzas militares y Montesinos?

Es cierto, había mucha cercanía con los militares inclusive. No con Vladimiro Montesinos, jamás pisó el canal, nunca lo conocí, nunca tratamos nada con él. Luego me cuenta el dueño del canal que cuando se le ofreció conversar, conversaron; pero nunca le aceptó sus propuestas.

¿Eso fue lo que marcó la segunda etapa de Contrapunto?

Sí, allí hubo una distancia por esa relación trunca con el señor Montesinos, porque después vino otra más. Pero quiero dejar claro que, aunque era un periodismo comprometido con la guerra contrasubversiva, con los militares, lo era con los que estaban peleando en el monte y no con los que estaban sentados en el pentagonito.

En esta segunda etapa, cuando usted toma la dirección de Contrapunto, hay un cambio, ¿verdad?

Se hace un cambio en el directorio y la relación con el gobierno. Baruch Ivcher me dijo que habían ido a negociar directamente publicidad por control editorial. Esto lo sacamos, porque Víctor Joy Way era el encargado de visitar los canales, dibujaba en una pizarra electrónica, repartiendo la torta publicitaria a cambio del control del gobierno, y como era una pizarra con copiadora, sacamos la copia, y gracias al papelito tuvimos uno de nuestros primeros reportajes destapando la corrupción.

¿Cuál fue el nuevo rumbo que tomó Contrapunto?

Después de convencerme, le dije: «Contrapunto ha hecho historia en la lucha contra el terrorismo, pero ha dejado un saldo pendiente que es corrupción y derechos humanos». Y me dijo: «Tienen toda la libertad de hacerlo, pero quiero que todo esté bien investigado». De allí saqué la frasecita que decía: «Contrapunto: la verdad bien investigada». Me dio la libertad de armar un equipo de periodismo nuevo, de juntar una unidad de investigación y le robé su mejor gente a los otros canales de televisión. Allí entra la segunda etapa de Contrapunto.

¿Cuáles son esos «destapes» que más recuerda?

Cada uno fue extraordinario. Uno de los primeros fue el asesinato de Mariela Barreto, una agente de Inteligencia que tenía un hijo con Martin Rivas, jefe del grupo Colina. La habían matado y mutilado para evitar su identificación; este fue un informe desgarrador. Luego sacamos el verdadero sueldo de Vladimiro Montesinos. Otro periodista que vino de Panamericana, había conseguido un documento de la Sunat que en su canal no le habían permitido difundir. La declaración jurada de Vladimiro Montesinos. El resultado era que un funcionario de mínima categoría, según Fujimori, ganaba más de dos millones de dólares; y en realidad, nos habíamos quedado cortos, porque eso era lo que declaraba. También los espionajes telefónicos, a Javier Pérez de Cuéllar y tantos otros políticos y periodistas.

¿Esperaban que el gobierno reaccione de la forma en que lo hizo?

Vimos que todo iba incrementándose, y teníamos gente que nos «dateaban» los planes. Con antelación supimos que a Baruch Ivcher le iban a quitar la nacionalidad peruana, por lo que él tuvo que autoexiliarse. Y nosotros nos atrincheramos en el canal poniendo camiones en las puertas porque ya empezaba el juicio.

¿Y acerca de las negociaciones que se tuvieron con Matilde Pinchi Pinchi, por los famosos «vladivideos»?

Bueno, lo de Matilde Pinchi Pinchi nunca lo supe hasta después. Yo ya era congresista de la República, siempre estaba en contacto con Ivcher que estaba en Miami o en Israel, siempre estaba por ahí. Entonces un personaje, una chica que había trabajado conmigo, fue la que me citó para este tema, me citó en un restaurante y ahí me contó que unos amigos suyos que eran militares tenían una serie de videos que querían entregarlos, pero que querían un millón de dólares. Bueno yo soy periodista y yo sé cómo es esto, ¿no? Sé que algunos lo hacen por plata, otros por patriotismo, otros porque le tienen bronca a la exesposa, pero siempre hay una motivación. Entonces, ahí tienes que pensar qué es lo más importante, la motivación no me interesaba, sino el material.

¿Le dijo qué contenían?

Me dijo que eran 2.000 videos y yo no le pude creer, me dijo que había visto cinco y me contó los contenidos y yo le dije muy bien, pero yo quiero verlos antes de mover un solo dedo; y ahí es cuando me pone en contacto con otro personaje que después se autotituló como «El patriota», ¿no? [risas]. Que yo tampoco lo conocía para nada y es él, quien toma contacto conmigo y yo le digo telefónicamente —utilizando un lenguaje medio encriptado— que había que ver para creer; entonces mostró cierta resistencia para mostrármelo, y le dije: usted ponga las condiciones: hora, lugar, si quieren en Lima, fuera del país, dígame, yo voy y las condiciones, las que ustedes quieran. Y es ahí que aceptaron.

¿En qué circunstancias conoció al señor Olivera?

Bueno, a mí me citaron en una casa, a cierta hora, diez u once de la noche, acá en Lima, que tenía que caminar cinco o seis cuadras sin compañía. Me dijeron que iba a encontrar la puerta medio abierta y que yo entrara nomás, que ahí iban a estar esperándome. Fue una cosa de película; entonces, con el corazón en la boca llegué y el que me recibió, que era este personaje, también estaba con el corazón en la boca, yo lo vi muy nervioso, y bueno nos encontramos y fue ahí donde me mostró el video Kouri-Montesinos. Me mostró solo ese, entonces, yo le dije: «Muy bien, ¿qué es lo que quieren a cambio?». «Un millón de dólares», contestó. Yo le dije: «yo no puedo conseguir un millón de dólares», y me dice: «no, pero usted puede contactarse con Baruch Ivcher». «Mira —le dije—, ni Baruch, un millón es mucha plata. Si quieres por cinco videos —yo para empezar a convencer— te puedo hablar de medio millón». Y yo ya me puse en el plan de mercachifle [risas]. Entonces quedamos en medio millón de dólares por cinco videos.

¿Fue Ivcher, entonces, el que dio el dinero?

No completamente, recién ahí hablé con Ivcher y al día siguiente le conté la historia a Fernando Olivera y él también se puso a buscar la plata, porque si no, no soltaban el material. Al final se encontró un donante: Francisco Palacios, que en paz descanse —tío de Rosa María Palacios—. Bueno, conseguimos los recursos. Luego estos personajes se aparecen con un solo video, por eso es que costó 100.000. Los demás nunca aparecieron, se los tragó la tierra. Luego, habiendo transcurrido una semana, el 14 de septiembre del año 2000, como siempre nos reunimos en la mañana en el local que habíamos alquilado con Fernando Olivera, y me llama por teléfono la empleada de mi casa. Me dice que había recibido una llamada de una persona, con una voz que le había parecido de militar, y que le había dicho: «Dile a tu jefe que no se meta con el gobierno porque ya sabemos dónde están sus hijos». Acto seguido se recibe la misma llamada en la casa de Popy Olivera, y su mujer le pregunta: «¿Qué está pasando?». La mujer de Popy no sabía nada, mi esposa sí sabía, y con ella habíamos quedado que si yo algún día la llamaba y le decía: «Oye, parece que el sol va a salir», ella tenía que sacar a los hijos de donde estuvieran y esconderse todos, porque ese día iba a salir el video. Y así fue, sacó a los hijos del colegio, se escondieron, lo mismo se hizo con los hijos de Olivera, escondimos a toda la familia, y sacamos el video a las siete de la noche en el hotel Bolívar.

¿Qué importancia tuvo Contrapunto en la ciudadanía?

Yo creo que Contrapunto jugó un papel en la historia reciente del Perú, con todos sus lados positivos y hasta lados cuestionables, pero indudablemente influyó mucho en todo el país. En el tema de la lucha contrasubversiva, éramos un aparato de información y de propaganda —hay que decirlo con todas sus letras—, no era solamente prensa, estábamos en la candela, no podías hacer un periodismo independiente y objetivo, cuando eras parte de la sociedad donde había una situación de conflicto tan sangrienta y tan grave, ¿no?, y creo que contribuimos un poco a conocer lo que era Sendero Luminoso y a motivar a la gente para que se organice, en la ciudad y en el campo contra Sendero Luminoso. Muchos militares me cuentan que también motivaba mucho al personal militar, ver los reportajes que sacábamos, porque así como se les achacaba el tema de la violación de los derechos humanos, también se resaltaba cuando ellos hacían buenas operaciones y en condiciones muy sacrificadas, ¿no?

¿Y sigue en contacto con el grupo de Contrapunto?

De cuando en cuando nos reunimos. Hemos tenido un par de reuniones de «contrapuntitos», [risas], hemos hecho nuestra parrillita en la casa de Rossana Cueva, sobre todo cuando alguien viene del exterior, ¿no? Alguien que está de viaje y se aparece «y …, oye…, vamos a reunirnos…». Todo muy bonito, muy ameno, con todos los productores, porque todos siguen en los medios; mira: Pámela Vertiz, conductora, con su programa; Rossana Cueva conduce Panorama, todos están en medios. Definitivamente es gente muy valiosa, pero creo que ya esa experiencia muy difícilmente se va a repetir. Cada momento tiene sus características y sus particularidades, era un momento de mucha corrupción, de mucha violencia y salió Contrapunto.

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